El Sauce que dormía y la Luna que no despertaba

Había una vez un Sauce tan pero tan soñador, que prefería vivir sus días dormido; no podemos llamarle un Sauce del tipo “llorón” más bien sería del tipo “dormilón” . Claro que el Sauce amaba también estar despierto, escuchar el cantar de las aves, sentir las ardillas recorrer sus ramas, bailar al ritmo del viento y sobre todo: sentir la lluvia recorrer todo su ser, desde su hoja más alta hasta sus raíces.
El Sauce tenía un problema.
A pesar de todo lo lindo que le pasaba en sus días… nada se comparaba con lo que pasaba por sus noches. ¿A qué se debía? — Bueno, este Sauce sin duda alguna tenía una mente muy volátil. Y en sus noches sucedía que conformaba universos y galaxias enteras. Tenía la habilidad de descifrar el cosmos, de viajar a velocidad luz, de hacer y deshacer a su antojo constelaciones enteras. ¡Si tan solo los demás árboles supieran de estas cosas! Seguramente sería visto como un bicho raro, (más de lo que ya le consideraban por defender siempre los derechos de las ardillas y estar siempre del lado de la lluvia cuando el Consejo Real de Sauces, emitía algún juicio sobre alguno de éstas) . Un árbol que sueña ser cohete, amo y señor de las galaxias. Sí, sin duda algo raro en estos tiempos.

Pues una buena tarde, cuando el sol estaba que ya se despedía; nuestro Sauce con gran ánimo de irse a dormir tras un día lleno de ardillas escurridizas y vientos encantadores; decidió dejarse seducir por Morfeo. Pero de repente ¡Algo ocurrió! Algo que nunca había contemplado el Sauce a lo largo de sus 27 años… Sucedía que cada 27 años en nuestro mundo, se aparece la luna más hermosa de todas las galaxias. Y precisamente esta Luna no era la excepción. Brillaba con toda su fuerza, tenía un color más bien, color hueso, y sí, era toda redondota, y hermosa, una Luna majestuosa, una Luna encantadora, que parecía ejercer un poder sobre aquel que ella decidiera ponerle una mirada. El Sauce quedó perplejo al mirarle. Y sucedió…
Se encontraron. Miradas de Sauce y de Luna.
Me gustaría contarles qué pasó en aquel intercambio de miradas, en aquella conexión, sin embargo, solo ellos lo saben. Es su secreto.
Pero como todo suceso, tuvo un bello principio, y necesitaba ocurrir un final.
Pasó…tras ese momento en que ambos se perdieron, contemplándose el uno al otro. Pues el tiempo voló. Se esfumó. En lo que aquellos se veían y se leían sus almas. El tiempo corrió y ni el Sauce ni la bella Luna lo notaron. Todo por perdidos, enamorados y despistados.

Entonces era hora ya del amanecer. La Luna intentaba resistir al proceso natural de rotación de nuestro pequeño planeta pero fue inútil, tuvo que girar. El Sauce por su parte intentó incluso un ¡acto suicida! El muy impulsivo había querido desenterrar sus propias raíces y seguir la noche con tal de no perder a su Luna, pero también fue inútil; necesitaba mantenerlas bajo tierra para vivir…

Desde entonces nuestro Sauce definitivamente fue otro. Había dejado de dormir, había hecho a un lado sus sueños “cohetescos y galaxianos” con el fin de esperar a su Luna. No más dormir.
Así que por el día, no tenía el mismo humor, ya no disfrutaba más ni la lluvia, ni las ardillas, ni el viento. El Sauce se había vuelto otro. Era claro que estaba encantado. Totalmente enamorado de la Luna. Lo único que no sabía era que debía esperar otros 27 años para que ello sucediera nuevamente; para ver a su Luna completa e idénticamente a la que observó aquel día, durante el mes de mayo.

Por su parte la Luna… bueno en realidad no les puedo hablar de ella. Siempre se mantuvo enigmática… tenía un perfil extraño, asemejaba transparencia pero… algo tenía la Luna que desde mis ojos no pude notar. ¿Qué sería? ¿Algún secreto? ¿Algunos secretos?
Bueno… no lo supe ni lo he sabido. Y al parecer el Sauce tampoco. Solía trasnochar escribiendo historias absurdas y sus encuentros con su Luna. Alguna vez se le voló un pedazo de diario y pude leer que decía:

“día 19 – Año 12
Hoy no pude dormir tampoco, pero pude imaginarme en un sueño, muy parecido a los que llegué a tener alguna vez. Estaba mirando al horizonte esperando la noche y esperándola a ella; cuando una libélula mágica me ofreció concederme un deseo a cambio de darle guarida por una noche, por su puesto que accedí. Al otro día, cuando me pidió escuchar mi deseo, no dudé ni un segundo en pedirle que me hiciera cohete. Y sucedía, me sucedía. Me convertí en un cohete, rojo con blanco, y una pequeña ventana circular. Ese era yo ahora, un cohete y me decidía a emprender el viaje hacia su búsqueda. ¡Oh cuanto extraño su mirada! . Fue una lástima que el sonido de una tormenta me hiciera volver en si, y abandoné mi delirio. Fue un bello delirio.
Aquí te seguiré esperando, querida
Tuyo. ..! ”

Lo último que les puedo contar es que han pasado 26 años y 365 días, desde su último encuentro, es decir, hoy , tras esta noche.. va a suceder. Aquellos dos amantes se van a volver a encontrar. Para serles honesto … yo creo que aquella Luna no será la misma. Entre tanto secreto y tanta cosa guardada algo de libertad ha de haber perdido. Y el Sauce sabrá Dios qué tan ciego anda de ya no descansar sus ojos, que cuando la vea seguro que ni la reconocerá; si no fuese por que lleva la cuenta.
Pero bueno allá ellos dos y su amor.

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