María apareció un día de lluvia en mi vida. Había vuelto a las caminatas en la calle de la colonia donde nací, en medio de los aguaceros que la gente hoy odia tanto. Caminaba por una de mis calles favoritas cuando “Max” el golden más mojado que he visto en la tierra, se me lanzó encima. Tras tirarme y balancear sobre mi cara su lengua, Max me regaló unos besos increíbles que decidió terminar al escuchar un largo: “Maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaxiiiiijooooode tu madre, ven aquí”. María, quien fuera la emisora de ese grito agudo, me dirigió las primeras palabras: “¿no mames estás bien?”. Y aunque no le pude ver bien la cara, un tanto por Max y otro tanto por la suma de mis lentes empapados y su impermeable grande (como la ropa que usaba Tontín, el enano de Blancanieves), le respondí con un: “no era lo que tenía planeado para un paseo en la tarde, pero me sorpendieron”. María me miró y me estiró la mano para levantar, mientras Max, con ganas de seguir corriendo forcejeaba con ella.

Y ahí comenzó nuestra primera charla:

  • Este perro es un cabrón. Es la quinta vez de este día que se me quiere escapar
  • Te está invitando a correr sobre la lluvia.
  • Lo dudo. ¿Cómo te llamas hombre?
  • Me puedes decir Fer
  • Encantada, Fer. Soy María y este cabrón es Max.
  • Mucho gusto María y Max.
  • No manches que tus lentes están así por Max ¿o es de la lluvia?
  • Creo que poquito de las 2. ¿Paseo lluvioso?
  • Algo así. Quería ir a hacer pipí y mira.
  • Terminó mojándonos a todos.
  • Tu cara. Te me haces familiar
  • Mmmm pues vivo por aquí.
  • ¿Te he visto en otro lado?
  • Conozco muy pocas personas que se llamen como tú. Quizás de vista
  • No sé, no sé ¿Para dónde vas?
  • Hacia los arcos ¿caminamos?
  • Caminamos. Vente wey (Max)

 

Así María y yo nos conocimos.  Platicamos de todo. Resultó ser una mujer con habilidades ancestrales;entre muchas cosas que hace, lee los ojos de las personas y sabe contar chistes muy malos. María y yo fuimos a su casa a tomar café e intentamos secar a Max.  Cosa no tan imposible, pero difícil.

Al final de la tarde, me contó qué hacía viviendo aquí con Max, mientras tejía y compartíamos uno de los cafés más ricos que he probado jamás.

Ella es.

María

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