Adiós árbol

Hace poco se fue uno de los árboles más grandes de San José Mayorazgo, un ciprés italiano de más de 15 metros de altura. La mamá de David, vecino y dueño del carrito de hot-dogs y hamburguesas más lindo del mundo, decidió mandarlo a podar por completo.

Cuando me acerqué con David para conocer el motivo, mencionó que su mamá lo consideraba muy alto y que en cualquier momento podría caerse y hacer daños en la estructura de la casa. Antes, David me había compartido que este árbol lo sembraron él y su hermano, hace más de 30 años.

A mi me gustaba presumirlo siempre que podía. Días antes del temblor de septiembre me resolví a tomarle una fotografía para compartirlo con el resto de las vecinas y vecinos. Resultó una atinada captura por que 3 días después fue la poda y 2 días después fue el temblor. Me gusta imaginar que la mamá de David, tiene también ese otro  sentido desarrollado como el de Mar, esa intuición poderosa.

El quinto ciprés de derecha a izquierda era del que les cuento. Aunque en la foto se ve más bajo no lo era, resultó de la posición con que le tomé. El otro árbol, el despeinado puede que sea el segundo más grande ahora. Es un cedro limón muy bello.

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Un jardinero que conoce bien esta colonia y con quien me encanta encontrarme, me contó del árbol más grande, una araucaria preciosa:

21764051_1873598059335923_1319679775_o (1)Ahora es quien custodia el punto más largo en San José Mayorazgo.

Cuando dé con ella, se las presento.

¡Qué vivan los árboles!

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Samantha y sus besos largos.

Cuando conocí a Sam era una niña que me sorprendía por 2 razones:

  1. El promedio tan alto que mantenía en todas las clases.
  2. Su sonrisa larga como su cuello.

Samantha, entre otras divinidades tenía mucho que decir, siempre. Cuando no estábamos en clases, se la pasaba cuchicheando con las amigas del salón (en clase también). Siempre me gustó Sam, se me hacía una niña divertida y fácil de molestar. Solíamos tener una especie de amistad basada en sus golpes y mis ideas para hacerla reír o enojar. Cuando pasamos a la secundaria ella comenzó a interesarme más de lo normal. Entonces me di cuenta que le admiraba.

Samantha, a quien siempre he considerado como un ser de un planeta tierra de otra época, tenía entre otros gustos, afinidad por los chicos más grandes de la escuela que para variar eran muy diferentes físicamente a mi: altos, rubios y con mucha popularidad. A mi me gustaba imaginarlos como especies en extinción, esto derivado de una revista que leía por aquella época y que contaba como los cazadores acechaban a varias especies que estaban próximas a extinguirse y les seguían durante mucho tiempo. Bueno algo así parecía entonces la escuela, mis compañeritas, incluyendo a Sam, en diversas ocasiones estaban detrás de ellos, les seguían a la distancia. Creo que por eso al final lo relacioné.

Después de coincidir muchas veces con Sam en algunas reuniones en casa de amigos, me di cuenta que ella me gustaba mucho más de lo que pensaba. Me gustaba cuando reía y cuando abrazaba.

Cuando Sam y yo nos hicimos novios ocurrieron cosas fuera de lo común. Estábamos sentados mirándonos y me acerque a su cara lentamente. Después de mirarle los ojos la besé, sin saber si lo que estaba haciendo sería correspondido o no. Ahora que me vuelve a pasar por el corazón hay aún sensaciones de adrenalina inexplicable.

Después de ese suceso me volví a dicto a besarla. De hecho pasábamos más tiempo besándonos que hablando. Yo estaba descubriendo la sensación, pues fue su lengua la primera que toqué con la mía. A pesar de muchos acontecimientos Sam y yo fuimos una especie de noviazgo fundamentado en besos. Cuando los besos se nos terminaron, nosotros también. Es decir, llegó un punto en el que ambos sabíamos que como amigos nos llevábamos mejor que como personas que se besan.

A Sam, por ejemplo nunca le pregunté siendo su novio sobre su familia y otras cosas que pensaba, daba por implícito que en algún momento estas charlas iban a llegar pero no. No llegaron por que nos centramos en los besos.

Después de ese noviazgo, unos meses bastaron para que volviéramos a ser amigos como siempre.

En el 2016  volví a ver a Samantha quien me contaba de sus aventuras por las islas Galápagos. Hablamos entre otras cosas, de ella y la biología marina que le había llevado a complementar una parte del entendimiento que va naciendo cada día con ella sobre el universo. Yo le contaba de mis días en la ciudad y de vivir en el centro. Tomamos café y hablamos de la religión y de la meditación. Me contó de un retiro de silencio que había probado y de como desde pequeña, siempre ha llevado, año con año, un diario de su vida.

Samantha no dejó de sorprenderme aquel día y recuerdo bien las palabras de nuestra charla en el techo del departamento del Centro “Yo no sé por que te gustan tanto las ciudades, son tan falsas, tan materiales, son fachadas”. En ese momento mi corazón se dio muchas vueltas y me quedé callado. Lo único que pude decirle, minutos después fue que detrás de todas esas fachadas y entre esos espacios materiales estaba la esencia de la ciudad: las personas y todo que convive con nosotros.

Un año después, cuando me senté frente al edificio de la secretaría donde trabajaba, entendí otra cosa sobre sus palabras. En efecto estas ciudades cada vez son más materiales y menos personales, fallan entre muchas cosas, como forma de organización espacial, cuando menos en muchos casos de México. Pero que a partir del entendimiento de con quienes compartimos estas ciudades, además de los seres humanos, están los secretos que nos pueden llevar a lograr ciudades menos materiales, más reales y de amor.

Antes de partir aquella noche, Sam me contó que iba a iniciar un gran viaje y que a nadie se lo había contado pero que esta visita era una despedida temporal. Le di mi libreta favorita y le pedí que la sumara a sus diarios. Me dio un beso en la mejilla y no supe más de ella.

Al año siguiente me escribió, para avisarme que la libreta fue terminada.

Samantha, el amor y las ciudades. Sam

 

Los días lluviosos del 2017

Aquel fin de semana, previo al otoño, los días continuaban mojados y las nubes sin ganas de secarse. “Se siente la nube” repetía Don Tomás, el señor de la verdulería de la esquina de la casa de mis padres. Estaba esperando a que cesara la lluvia para intentar encontrar aún abierta la panadería u otro local parecido donde vendieran lo que acompañara el café que me había esperado toda la mañana y estaba listo a mi regreso.

Cuando por fin cesó, me encaminé a la calle Avenida Nacional, la cual entre otras fortunas goza de una mixtura muy amena de negocios y casas. Para el desconsuelo de quienes caminamos por ahí tiene banquetas terribles. Estas banquetas me intentaron llevar hasta la panadería, que para sumarle ausencia al café que me esperaba más tarde, estaba cerrada.

Lo certero de aquel paseo en compañía con el equipo D (Danna y Dani) fue encontrar las flores que nos contaba doña Juanita que cubrían antes toda la colonia.

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También conocidas como “moraditas” los geranios de los pirineos crecen en los valles como Puebla, las podemos encontrar en algunos terrenos baldíos de San José Mayorazgo o en la zona mixta de la banqueta. Antes de la urbanización de esta parte de la ciudad, cuando aún era conocida como la “ranchería Mayorazgo”, eran las especies y los colores que dominaban el paisaje aquí.  Esto lo sé por los labios de la misma Juanita, una vecina que lleva más de 39 años viviendo aquí y cuenta, entre otras cosas, que cuando regresaba de su trabajo en la tarde-noche además de los conciertos de los grillos, estas flores le amenizaban el caminar.

Ahora hay pocas zonas en donde podemos aún verlas.  Lo bueno de las lluvias del 2017 es que están acelerando su proceso de crecimiento. Las lluvias adornan la ciudad. 21844378_1877323812296681_2035399701_oAdemás de la decoración que otorgan estas lluvias, las zonas de la banqueta se convierten en verdaderos micro-ecosistemas cuando llegan las abejas y otros insectos a darse banquetes con estas flores.

Creo que San José Mayorazgo es un gran lugar y tiene muchos más secretos que descubrir, paso a paso.

Que haya más vida.

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Nunca

Tenía más de un mes que no le llamaba a  Margarita. Me obligó a no volver a mencionar el apodo que le inventamos cuando nos conocimos. No sé, parece que no le gustó al final.

Resultó que coincidimos en la estación del bus, cerca donde fue nuestro primer encuentro. Parecía desvelada, con ojeras tan grandes que tenía ganas de llevarla de inmediato a su casa a dormir.

Me preguntó sobre la vida y preferí mentirle, sin éxito.

Siempre sabe leerme la mente.

Le extraño. De verdad le extraño, parece ser otra mujer. Acordamos que el viernes nos olvidamos del mundo.

La peor inversión del mundo: por qué carreteras urbanas destruyen riqueza. — SalvoLomas

Origen: Urban kchoze: World’s worst investment: why urban highways destroy wealth Wednesday, January 7, 2015 La peor inversión del mundo: por qué las carreteras urbanas destruyen la riqueza. La inversión en infraestructura suele considerarse como una buena forma de estimular la economía y proporcionar facilidades para permitir que la economía crezca. Es una responsabilidad muy […]

a través de La peor inversión del mundo: por qué carreteras urbanas destruyen riqueza. — SalvoLomas

Inquebrantable

Una noche de mayo me pregunté sobre las decisiones que he emprendido. Cada una de las conclusiones de esa noche me llevó a escribir sobre las ganas diversas de emprender un silencio.

¿Qué es el silencio para mi? Ausencia de determinación sobre los días, un estado pasivo de desasosiego.  Abstención de las acciones a favor de la comunicación interpersonal. Llegar a un único y solemne silencio para la vida.

Toda esta paz imaginada se ha ido construyendo con largas meditaciones sobre el estado real que guarda la vida. El silencio sirve para respirar en paz. Lo más difícil de mantener ese silencio has sido tú.

El estado de no ser.

 

9,946 días vividos.

Dormidos en la misma ciudad

Ya no me digas así 

– Pero tejes y haces café 

Pues ya no quiero. O me llamas por mi nombre o dejamos de ser amigos. No puedes atribuirme tan pocas cosas. Sé hacer mejores cosas y lo peor de todo es que te consta. Bueno, te lo dejo claro.

– Cómo tú prefieras, mujer.

Ven a leer y a llamarme, aprende a llamarme

Ya no te atribuyas esa imagen de doctor.  Me preocupa que te preocupes y lo odio 

– Pero no te pido que lo hagas.

Torpe, eso se hace por que nace, no por que uno quiera. A veces siento que has estado perdido por ahí entre el futuro y el pasado y nada del presente 

– Yo siento que te crees pitonisa. No te preocupes

A mí ni me pienses en pedir eso. 

– … 

Besos en las calles.

En la banqueta

Debajo de un árbol

A mitad de calle

Bajo la lluvia

Besos mandados a distancia

Besos de saludo

Besos de despedida

Besos de bienvenida

Besos en el zaguán

Besos encima del auto

Besos en dentro del auto

Besos estacionarios

Besos deseados

Besos debajo de una luminaria

Besos tú y yo. Besos.